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martes, 10 de marzo de 2026

Tecnología: Samsung cumple 20 años consecutivos como la marca de televisores número 1 del mundo

 



Todos los años, desde 2006, la empresa ha sido clasificada como líder mundial del mercado de televisores, según su cuota de ingresos. En 2025, registró una participación del 29,1% del mercado mundial de televisores en 2025. Este logro refuerza su dominio en tecnologías de pantalla premium, ultra grandes y de última generación.

Costa Rica, 10 de marzo del 2026. Samsung Electronics Co., Ltd. ha anunciado hoy que se mantiene como la marca de televisores número uno del mundo por vigésimo año consecutivo, lo que supone dos décadas como líder mundial en la industria de la televisión.
 
Samsung ha mantenido la primera posición en el mercado mundial de televisores desde 2006 y, según la firma de investigación de mercado Omdia, la compañía registró una participación del 29,1% del mercado mundial de televisores en 2025. Este logro refuerza el liderazgo de Samsung en tecnologías de pantalla premium, ultra grandes y de última generación.
 
Samsung lideró el segmento premium con precios superiores a los 2.500 dólares, con una participación de mercado del 54,3%, impulsado por los televisores Neo QLED, OLED y de estilo de vida. También mantuvo su liderazgo en el segmento de más de 1.500 dólares, con una participación de mercado del 52,2%.
 
“Cuando los consumidores eligen un televisor, eligen una marca en la que pueden confiar durante años”, afirmó SW Yong, Presidente y Director del Negocio de Pantallas Visuales (VD) de Samsung Electronics. “Nuestro liderazgo de 20 años en el mercado mundial de televisores refleja esa confianza, construida sobre décadas de excelencia en ingeniería e innovación de primer nivel”.
 
20 años de innovación que define la industria
 
Desde que alcanzó por primera vez el puesto número uno en 2006 con su televisor Bordeaux, diseñado con un enfoque vanguardista, Samsung ha innovado constantemente para transformar la industria de la televisión.  

A través de avances continuos en calidad de imagen, funcionalidad inteligente e innovación en pantallas, Samsung ha desempeñado un rol fundamental en el establecimiento de los estándares actuales de los televisores premium.

Se fortalece el liderazgo en televisores premium y de próxima generación
 
Basándose en su legado de innovación, Samsung continúa evolucionando su cartera de televisores premium con modelos Micro RGB ampliados, avanzando en sus tecnologías de pantalla de última generación y reforzando su liderazgo en pantallas de alto rendimiento. La compañía también continúa mejorando sus líneas OLED y Neo QLED, ofreciendo una calidad de imagen superior, opciones de pantalla ultragrande y un rendimiento de visualización diferenciado.
 
Samsung también está ampliando su oferta de Mini LED, brindando mayor brillo, contraste y control de precisión a una gama más amplia de tamaños de pantalla y niveles de precios para extender el rendimiento avanzado de pantalla en toda su línea. Al mismo tiempo, la inversión continua en televisores con tecnología IA integra procesadores avanzados y funciones inteligentes que optimizan la imagen, el sonido y la personalización en tiempo real.
 
Con dos décadas de liderazgo global comprobado, Samsung sigue siendo una de las marcas de televisores más reconocidas y confiables en todo el mundo, ofreciendo tecnología líder en la industria en múltiples niveles de precios, tamaños de pantalla e innovaciones en visualización.

Fuente: Samsung Electronics Ltda

lunes, 9 de marzo de 2026

CNN : Trump llama “gran error” a la elección del líder de Irán y habla de los 5.000 objetivos atacados


 

Autobuses eléctricos reportan ahorros del 80% en gastos operativos

 


Los primeros autobuses eléctricos en operación en Costa Rica cumplen tres meses de funcionamiento y, según la empresa BIUSA, del Grupo Tracopa, ya muestran resultados positivos en términos de ahorro operativo, aumento en la demanda del servicio y mejoras en las condiciones de conducción.

Actualmente, la empresa opera 25 unidades eléctricas y se encuentra en proceso de incorporar 35 autobuses adicionales para completar la electrificación de su flota en la ruta San José – La Carpio – León XIII y ramales.

Ahorro significativo en costos de operación

Miguel Zamora, asesor de BIUSA y presidente de la Cámara Nacional de Transportistas (Caprobus), indicó que uno de los principales beneficios observados ha sido la reducción en los costos de energía.

"El gasto de electricidad es apenas entre el 16% y el 20% cuando lo comparamos con el gasto de las unidades de diésel, lo que representa un ahorro del 80%".

Zamora agregó que, además del menor costo energético, se espera una reducción importante en los gastos de mantenimiento, ya que los autobuses eléctricos tienen menos componentes mecánicos que los vehículos tradicionales.

https://www.youtube.com/watch?v=sBUCP1zfvOc

Aumento en la demanda del servicio

Según la empresa, la introducción de autobuses eléctricos también ha tenido efectos positivos en el uso del transporte público.

Zamora explicó que la demanda del servicio ha aumentado desde la incorporación de estas unidades, lo que atribuyó a la valoración positiva por parte de las personas usuarias.

"En una reciente inspección descubrimos que las unidades se encuentran como nuevas, señal de que las personas las están cuidando".

Su directora, Silvia Rojas, señaló que la electrificación del transporte público representa una oportunidad para modernizar el servicio y mejorar tanto la experiencia de los usuarios como las condiciones laborales de los conductores.

"Estos autobuses eléctricos han demostrado que su desempeño es excelente, han demostrado que a las personas les gusta y prefieren el autobús cuando es uno de calidad, que los choferes pueden tener mejores condiciones para conducir durante horas, y que los operadores pueden tener grandes ahorros operativos".

De concretarse la incorporación de las 35 unidades adicionales, la ruta San José – La Carpio – León XIII se convertiría en la primera del país en operar con una flota completamente eléctrica.

Fuente: Delfino.cr

Conoce al padre DJ?

 


El sacerdote católico Guilherme Guimaraes Peixoto disfruta su faceta como DJ

El padre Peixoto es un sacerdote católico que fusiona la música electrónica dance con la religiosa. Nació en Portugal en 1974, y ordenado en 1999. Ha desarrollado su ministerio tanto como capellán del ejército portugués como párroco.

Inició su faceta como DJ en el año 2010 luego de una misión en Afsganistán dónde organizada eventos sociales para los soldados. Al regresar a su país se formó en discotencia.

Durante el COVID-19 realizó una serie de transmisiones semanales dónde mezclaba música electrónica de baile con sonidos religiosos y folclóricos lo que valió el apodo de "sacerdote DJ".

Se hizo mundialmente popular en el año 2023 durante la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa 
(Portugal), al presentar un concierto al aire libre al amanecer; misma que se volvió viral en redes sociales.


Fotografía junto al Santo Padre Francisco

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Tecnología: Cómo optimizar la RAM en Windows 11

 



En un mercado donde el hardware es cada vez más costoso, aprender a gestionar tu memoria actual es la mejor inversión. Descubre cómo liberar el potencial de tu equipo con ajustes inteligentes que transformarán tu fluidez diaria

En el último año, el mercado del hardware ha dado un giro que nos obliga a ser más estratégicos: la memoria RAM se ha encarecido silenciosamente. Entre la demanda masiva de servidores para IA y los cambios en la producción global, actualizar tu equipo ya no es tan sencillo como antes. Por eso, antes de considerar una inversión en hardware, la clave está en dominar el arte de la optimización.
Windows 11 es un sistema inteligente que prefiere usar la memoria en lugar de dejarla ociosa. A menudo vemos un uso alto de RAM y entramos en pánico, pero en realidad, el sistema la usa como una "mesa de trabajo" rápida (caché) para que tus aplicaciones abran al instante. El problema real surge cuando esa mesa se llena de "ruido digital" y el sistema debe recurrir al "sótano" (la memoria virtual en tu SSD), que es significativamente más lento que la RAM física.
"Optimizar la RAM no consiste simplemente en dejar memoria libre, sino en asegurar que cada gigabyte esté trabajando en lo que realmente te importa en ese momento. En Acer, creemos que una gestión inteligente del software puede extender significativamente la vida útil de tu hardware, permitiéndote mantener un flujo creativo fluido sin la necesidad inmediata de una actualización física", comentó Nigel Pallete, gerente de Ventas para Centroamérica y Caribe en Acer.
Estrategias maestras para recuperar tu agilidad digital
Para que tu experiencia sea fluida, debemos centrarnos en reducir el desperdicio. Aquí te detallamos cómo transformar el rendimiento de tu desktop o laptop con cinco ajustes clave:
1. Gestiona tus aplicaciones de inicio
Muchos programas se configuran para arrancar apenas tocas el botón de encendido, consumiendo recursos desde el primer segundo, aunque no los uses. Puedes retomar el control desde el Administrador de tareas (Ctrl + Shift + Esc), navegando hasta la pestaña Aplicaciones de inicio. Una vez allí, desactiva todo lo que no sea vital, como lanzadores de juegos o herramientas de mensajería; notarás un arranque más limpio y más espacio para tus tareas principales.
2. Pon límites a los procesos invisibles
Incluso si no las ves, hay apps que siguen consumiendo energía y memoria "por si acaso". Windows 11 permite ajustar esto con precisión desde Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas. Al entrar en las Opciones avanzadas de cada programa, puedes cambiar los permisos de segundo plano a "Nunca". Es un ajuste ideal para herramientas de nube o reproductores multimedia que no necesitas activos las 24 horas del día.
3. Desbloquea la velocidad real de tu hardware
Es un secreto a voces: muchos equipos funcionan por debajo de su potencial porque la RAM viene configurada en un modo "seguro" pero lento. Para liberar este potencial, reinicia tu equipo y accede al menú BIOS/UEFI para activar el perfil XMP (en Intel) o EXPO (en AMD). No obtendrás más gigabytes, pero aumentarás la velocidad de transferencia y reducirás la latencia, algo que notarás de inmediato al editar fotos o jugar.
4. Higiene profunda en el navegador
Hoy en día, el navegador es el mayor devorador de recursos. Una gestión inteligente implica limitar las extensiones activas —cada una es un proceso extra— y aprovechar funciones como el "Ahorro de memoria" en Chrome o Edge. Esta herramienta pone en "suspensión" las pestañas que no estás viendo, devolviéndote gigabytes de capacidad de maniobra de forma instantánea.
5. Confía en la gestión de la Memoria Virtual
Cuando la RAM física se agota, el sistema usa una parte de tu unidad SSD como apoyo. Existe el mito de que ajustarla manualmente mejora el rendimiento, pero suele ser contraproducente. La recomendación técnica es ir a Configuración avanzada del sistema > Rendimiento y asegurarse de que la opción "Administrar automáticamente el tamaño del archivo de paginación" esté marcada. Dejar que Windows decida según la carga de trabajo evita bloqueos y errores del sistema.
¿Optimizar o actualizar?
La optimización es un hábito saludable que transforma tu experiencia diaria, pero tiene un límite físico. Es fundamental derribar el mito de que se puede "descargar más RAM"; la memoria es un componente tangible.
Si después de estos ajustes tu sistema sigue sufriendo, es probable que necesites un salto de capacidad. Actualmente, 16 GB son el estándar de bienestar digital, mientras que los 32 GB son la meta para quienes buscan longevidad en gaming o creación de contenido. Hasta que llegue ese momento, un sistema bien configurado será siempre tu mejor herramienta de productividad.

Fuente: Acer

lunes, 23 de febrero de 2026

Artículo de Opinión: La familia como cimiento ontológico de la educación- Lisandro Prieto Femenía

 



La familia como cimiento ontológico de la educación- Lisandro Prieto Femenía

“La virtud moral es resultado del hábito”

Aristóteles, Ética a Nicómaco

La discusión sobre la educación del ser humano, entendida no sólo como la adquisición de conocimientos, sino como la formación integral de la persona, debe comenzar necesariamente por el análisis de su núcleo fundacional: la familia. Desde una perspectiva filosófica, reducir la familia a un mero agente socializar o un contexto de apoyo es empobrecer drásticamente su realidad. El término familia, proveniente del latín famulus (sirviente o esclavo), originalmente designaba no sólo el linaje sanguíneo, sino el conjunto de personas y bienes que se encontraban bajo la autoridad del pater familias. Este origen, si bien jerárquico, revela su carácter esencial como unidad económica y de convivencia primordial, la estructura ontológica donde se gesta la condición de persona y se inicia la coexistencia.

Por su parte, la escuela proviene del griego skholé, que no significaba trabajo ni instrucción, sino “ocio” o “tiempo libre”, haciendo referencia al tiempo que los ciudadanos dedicaban a la reflexión, al debate y al aprendizaje intelectual, libres de las urgencias productivas. Esta distinción etimológica subraya que mientras la familia se orienta a la existencia y a la subsistencia ética y material, la escuela se reserva el tiempo para la trascendencia y la reflexión sistemática, confirmando que sus propósitos, si bien complementarios, son distintos en su raíz.

Filósofos como Leonardo Polo elevan la institución familiar a una categoría esencial, desvinculándola de un mero hecho sociológico. Polo afirma que “la familia es la primera forma y el primer motor de la coexistencia humana: de la coexistencia con el mundo, de la coexistencia con los otros y de la coexistencia con Dios”. Esta coexistencia, principio mismo de la moralidad y la ética, se aprende en un marco de gratuidad que la escuela, por su naturaleza institucional, jamás podría replicar. En efecto, la familia es el ámbito que acoge lo “radicalmente nuevo: la persona humana” (Polo, citado por Falgueras Salinas, s.f.).

Es allí, en el amor que se prodiga en el hogar, donde los hijos reconocen su relación filial. El término amor, con raíces en el indoeuropeo amma (madre), apunta directamente al vínculo primario, a la incondicionalidad. Este amor es la llave de la donación, del latín donatio, implica un acto de entrega generosa sin esperar reciprocidad. Por tanto, la relación filial se percibe “también donal, gratuita y generosa” (Falgueras Salinas, s.f.). Esta experiencia primaria del don fundamenta la libertad volitiva, pues solo el ser que se sabe incondicionalmente amado posee el soporte emocional y moral para elegir el bien y comprometerse con la comunidad. La educación, en este contexto originario, se revela como el acto de transmitir la herencia cultural, ética y emocional con una fuerza persuasiva que la evidencia empírica cataloga como indeleble. Este es el primer crisol donde se negocia la tensión fundamental entre la pertenencia y la autonomía, el espacio fundacional donde el individuo aprende a ser “yo” sin desvincularse del “nosotros”. Así, el aprendizaje temprano de los códigos esenciales (la distinción entre lo correcto y lo incorrecto, el respeto, el manejo de la autoridad) constituye el fundamento moral que el ciudadano lleva consigo mismo a la vida pública.

La necesidad de este cimiento ya la vislumbraba con claridad el gran Aristóteles, quien en su “Ética a Nicómaco”, establecía que “la virtud moral es resultado del hábito” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, II, 1). Para poder lograr la Eudaimonía (felicidad y/o vida buena), el alma requiere que las virtudes no sean meros conocimientos teóricos (diánoia), sino disposiciones prácticas (hexis) adquiridas por la repetición constante. Justamente, la familia, con su ritmo ininterrumpido y sus pequeñas exigencias cotidianas, es la que proporciona este campo de entrenamiento ético (ethos), modelando el carácter a través del hábito antes de que la razón pueda imponerse por completo. Sin esta formación práctica y constante en el seno del hogar, cualquier instrucción moral posterior deviene en mera retórica.

Al incorporar la visión de la pedagogía, la primacía familiar se refuerza notablemente con los aportes de Lev Vygotsky, para quién el desarrollo humano es inseparable del contexto y la cultura en que se produce (Vygotsky, 2000, citado en Biblioteca Clacso, 2016). De este modo, el hogar constituye el primer y más significativo escenario donde se establece la “Zona de Desarrollo Próximo” (ZDP). Es, por lo tanto, a través de la interacción cotidiana, el diálogo y el apoyo emocional de los padres que se proporciona el “andamiaje” necesario, el cual no sólo es intelectual, sino también afectivo y conductual, permitiendo al niño internalizar herramientas de pensamiento y regulación emocional, prerrequisitos indispensables para el éxito en el aprendizaje formal y para el desenvolvimiento en la vida social.

Por su parte, Pierre Bourdieu, desde la sociología de la educación, complementa esta visión obligándonos a reconocer el rol de la familia como transmisora del “capital cultural”. Este activo, encarnado en el lenguaje, los hábitos, las actitudes hacia el conocimiento y el nivel de aspiraciones, se ha demostrado ser un predictor del éxito académico tan sólido que Razeto (2016, citado en SciELO Cuba, 2022) lo califica como un “hecho irrefutable”. Consecuentemente, la familia que fomenta el hábito lector, la disciplina cotidiana y el valor del esfuerzo transfiere un activo intangible que moldea la predisposición del niño ante la escuela. De hecho, la participación familiar en la educación formal, descrita por Grolnick y Slowiaczek (1994) en sus dimensiones “conductual”, “cognitivo-intelectual” y “personal”, es una manifestación directa de la calidad de este capital cultural interno. No se trata, entonces, sólo de asistir a reuniones escolares o a actos intrascendentes con contenido malinterpretado, sino de la “implicación mental voluntaria y responsable” (Pizarro et al., 2013, citado en SciELO Cuba, 2022) que transforma la actitud del niño hacia el aprendizaje.

La severa sentencia, a menudo repetida por los educadores, de que “la escuela no puede dar lo que la familia no da”, no es una excusa pedagógica para esquivar los problemas, sino una profunda y lamentable verdad filosófica y sociológica que delimita el alcance de la instrucción formal. La escuela está diseñada para la transmisión estandarizada de conocimiento y para la socialización cívica, pero no está equipara para suplir el déficit ontológico y afectivo que deja el abandono o la negligencia en el hogar. La escuela no puede enseñar la confianza básica necesaria para asumir riesgos intelectuales, ni puede inculcar la voluntad si ésta no ha sido templada por la disciplina amorosa y la esperanza familiar. Cuando la base del capital cultural y del vínculo afectivo es deficiente, la escuela se enfrenta a un muro infranqueable, pues el alumno carece de los prerrequisitos emocionales y de los códigos éticos esenciales para recibir la instrucción en plenitud. La escuela puede instruir, pero sólo la familia puede formar la conciencia sobre la base del afecto incondicional y el compromiso moral. De ahí, que la educación familiar sea una responsabilidad ética intransferible que dota de alma y sentido a la instrucción académica posterior.

La gravedad de esta responsabilidad intransferible implica que no basta con el mero cumplimiento formal de los deberes educativos. El acto de mandar a los hijos a la escuela y el simple hecho de que estos aprueben las evaluaciones representan solamente una dimensión instrumental de la educación, pero nunca su plenitud formativa. Si la familia se limita a ser una oficina de gestión académica, ignora que el proceso educativo es, por esencia, permanente e inacabado. La formación del ciudadano, tal como lo concebía la tradición griega de la paideia- el proceso de crianza que convierte al niño en un hombre virtuoso y apto para la polis-, demanda mucho más que la certificación de conocimientos. Por lo tanto, la familia debe ser la base y el sustento ininterrumpido sobre el cual el individuo se edifica, proporcionando los marcos de referencia éticos que permiten al futuro ciudadano navegar la complejidad moral del mundo. Como afirma Fernando Savater (1997), educar es “abrir los ojos al otro, para que aprenda a ver por sí mismo” y a convivir. Esta apertura y esta convivencia se entrenan en la vida familiar mucho más allá del horario escolar, haciendo de los padres los primeros garantes de la solidez moral y cívica que la sociedad demanda.

Como habrán podido apreciar, la responsabilidad educativa de la familia trasciende la simple transmisión de hábitos y capital lingüístico, configurándose como un mandato ético de discernimiento cultural. En la sociedad decadente actual, hiperconectada y sobrecargada de información basura, el hogar se erige como la primera y más crítica puerta de entrada del contenido cultural. Los padres asumen la ineludible tarea de ser filtros activos frente a lo que el mundo ofrece, ejerciendo una responsabilidad cívica fundamental. Sobre este aspecto en particular, el sociólogo Neil Postman (1985) ya advertía sobre la degradación del discurso público hacia la “basura cultural” al conceptualizar cómo los medios, obsesionados con la imagen y el entretenimiento, nos llevan a “divertirnos hasta morir” (Amusingourselves to death). Esto, amigos míos, no es una metáfora trágica: hace pocos días se conoció la muerte de unos jóvenes que realizaban surfeo sobre trenes como reto viral de las nefastas redes sociales estupidizadoras. Postman argumenta que cuando toda la información se presenta como un espectáculo, se erosiona la capacidad de la mente para el pensamiento racional y complejo, trivializando la vida pública. En este escenario, la familia debe actuar como un escudo crítico contra esta trivialización, defendiendo la seriedad del discurso y la profundidad de la reflexión frente a aquellas agendas nocivas que degradan la dignidad humana o simplifican la complejidad moral.

Retomando brevemente a Savater (1997), recordemos que desde su enfoque la educación es esencialmente un acto de “valor” y resistencia contra la “tiranía de lo inmediato” y lo superficial. Al seleccionar, debatir y contextualizar los mensajes que acceden a la conciencia de nuestros hijos, como padres no estamos ejerciendo una censura arbitraria, sino un deber de protección que forma la voluntad libre para resistir la seducción de lo fácil y lo banal. En este sentido, la autoridad parental se justifica por la obligación de legar a sus hijos un marco moral robusto para la auténtica libertad.

Aquí, el peligro filosófico y social posmoderno reside en la delegación excesiva de la función educativa por parte de la familia hacia la institución familiar, un fenómeno que algunos han criticado como el intento de la familia de “endilgarle a la escuela responsabilidades que, de suyo, no les pertenecen” (Biblioteca Clacso, 2016). Si la familia abdica de su rol como contra-relato cultural y transmisora de valores éticos complejos, la escuela se queda sola e inevitablemente incapacitada para lograr la formación humana integral.

La primacía educativa de la familia se funda en el “amor-donación” y en el vínculo afectivo, una lógica radicalmente opuesta a la instrumentalización y a la cultura del rendimiento que domina la esfera pública y económica. El desafío ético aquí reside en cómo proteger este espacio de la lógica de la eficiencia que exige resultados, métricas y “éxito” cuantificable, ya que la medición constante de la valía del hijo en función de su rendimiento académico o su capital social destruye el carácter no utilitario del amor incondicional. Si la familia comienza a funcionar como una unidad de producción de “capital humano” en lugar de un ámbito de acogida, se socava la fuente misma de la confianza básica que es vital para la autonomía del ser. Una ética de la educación debe, por lo tanto, defender al hogar como un santuario contra la tiranía de la explotación disfrazada de “productividad”.

Frente a las crisis de la figura familiar y la proliferación de estructuras de parentesco confusas, la filosofía no puede seguir esencializando una única forma social de familia. Si la esencia de la educación se basa en la transmisión de la “coexistencia” (Polo) y la provisión del “andamiaje afectivo” (Vygotsky), el foco del fundamento ontológico debe migrar de la estructura legal o biológica a la función nutricia del vínculo y la intencionalidad ética. La pregunta crucial aquí es: ¿cuál es la configuración mínima ético-afectiva, independientemente de su forma, que puede garantizar la estabilidad, la donación y la calidad relacional necesarias para que se produzca la formación de la conciencia moral y volitiva del individuo? La nueva reflexión sobre la familia debe privilegiar la calidad y la permanencia de la relación sobre la rigidez de las formas.

Finalmente, si la sentencia de que “la escuela no puede hacer lo que la familia no hace” remarca una limitación sistémica y no sólo un defecto moral, entonces el Estado y sus instituciones tienen una obligación de subsidiaridad y apoyo. Es imperativo que las políticas públicas estén diseñadas para habilitar a los padres a cumplir con su responsabilidad ética intransferible. Esto implica mitigar el impacto del desigual capital económico y social en la capacidad de la familia para ejercer su función de transmisión cultural, asegurando que el tiempo, la estabilidad y la conciencia educativa necesarios no sean lujos accesibles sólo para unos pocos. El apoyo estatal no debe ser una injerencia que busque suplantar a la familia, sino un soporte estructural que le permita ejercer su rol sin ser aplastada por las presiones materiales de la vida posmoderna. 

Retos Agustinianos para la Cuaresma

 

La Ciudad de los Niños lanzó 3 nuevos retos Agustinianos para esta Cuaresma. ¿Al momento llevan 6?










Tecnología: Samsung cumple 20 años consecutivos como la marca de televisores número 1 del mundo

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